La hiperactividad y el déficit de atención en las noticias
Uno de cada veinte escolares españoles sufre el síndrome de hiperactividad


Cada vez es mayor el número de casos tratados en las unidades de Salud Mental y en las consultas de Psiquiatría y Psicología Clínica Infantil


ABC. 2004 AGO
Al menos un 5 por ciento de los niños mayores de 6 años sufre un trastorno denominado científicamente déficit de atención e hiperactividad (TDAH), aunque no siempre está diagnosticado. Según los expertos, esto significa que uno de cada 20 escolares padece este trastorno de la conducta que provoca, entre otros problemas, fracaso escolar y alteraciones en el comportamiento.
Se trata de uno de los problemas más frecuentes entre los diagnosticados como «niños difíciles», según ha declarado a Ep el doctor Francisco Javier Quintero, de la Unidad de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz. Si tenemos en cuenta los datos de escolarización, como mínimo 300.000 alumnos sufrirían este trastorno. Se da la circunstancia de que la hiperactividad, un trastorno de conducta de origen neurológico, es más frecuente en los niños que en las niñas hasta el extremo de que algunos estudios reflejan que por cada cuatro niños hay una niña que padece esa disfunción.
Difícil diagnóstico
A veces es difícil diferenciar un niño travieso de otro hiperactivo. ¿Qué rasgos definen a los afectados por el TDAH? Se trata de niños que desarrollan una intensa actividad motora, que se mueven continuamente sin un propósito concreto y que no completan las tareas iniciadas. Esta hiperactividad aumenta cuando están en compañía de otras personas y disminuye cuando están solos.
En consecuencia, estos «niños difíciles» encuentran serias dificultades para mantener la atención en la escuela, de manera que su rendimiento es malo y sus dificultades de aprendizaje son serias, a pesar de que su coeficiente intelectual suele ser normal. Asimismo, son chicos muy impulsivos y desobedientes que llegan a hacer lo contrario de lo que se les pide.
La hiperactividad es fuente de conflictos, ya que «suele ser mal entendida por los padres y, en la mayoría de los casos, por los colegios, pues es un chico que no para quieto» y al que a veces no se sabe tratar. Por otra parte, su forma impulsiva de actuar dificulta las relaciones sociales.
Pero, ¿es idéntica la hiperactividad en todas las etapas del niño? El momento más crítico suele producirse a partir de los 5 años, aunque se detecta desde la primera infancia, cuando se advierten problemas en el ritmo del sueño y en la irritabilidad desproporcionada ante determinados estímulos.
Por otra parte, la inmadurez en el lenguaje expresivo y la escasa conciencia del peligro son otros signos de que el trastorno puede estar presente en un niño de entre 2 ó 3 años. Entre 4 y 5 años, los niños con hiperactividad se muestran excesivamente impulsivos, con carencias de atención y con episodios de desobediencia y de adaptación social. A los seis años, estos síntomas se agudizan y se concreta en fracaso escolar y comportamiento antisocial. En este contexto, entre el 40 y el 50 por ciento de los niños hiperactivos tiene un bajo rendimiento escolar porque encuentra dificultades perceptivas y en lectura, escritura y cálculo.
El papel de los padres
Contrariamente a lo que algunos sostienen, los niños hiperactivos no dejan de serlo al llegar a la pubertad. Ocurre que, a partir de los 12 años, su capacidad de autocontrol comienza a mejorar. En cualquier caso, las secuelas permanecen en la edad adulta en al menos un 60 por ciento de los casos.
¿Cuál es el papel de los padres? Deben evitar cualquier tipo de tensión, acudir a un especialista (psiquiatra, pediatra o neurólogo), aceptar a su hijo tal como es, y adoptar una actitud positiva compatible con unas normas de actuación claras y definidas.
Sin embargo, el actual estilo de vida, marcado en numerosas ocasiones por la escasa presencia de los padres en su vida cotidiana, y más en las familias monoparentales, repercute especialmente en estos niños y adolescentes mientras aumenta el número de casos tratados en las unidades de salud mental, y en las consultas de psiquiatría y de psicología clínica infantil y juvenil, que es en opinión de los expertos donde deben ser atendidos este tipo de trastornos. Una de las claves en la atención de estos niños y adolescentes es el establecimiento de normas. En este sentido, el doctor Quintero asegura que debe haber «uniformidad» y hacerles ver que «lo que es bueno hoy, lo será mañana y lo que es malo hoy será malo también mañana, independientemente de que sea el padre, la madre o el abuelo los que intenten justificar esa norma de conducta del niño».
Este especialista alerta del peligro que puede suponer el verano para mantener esas normas. «Es la época típica -dice- de enviar a los chavales con los abuelos durante una temporadita». Y en ella, los abuelos «aprovechan para estar con los nietos durante ese mes en verano, les dan todo eso que no les pueden dar, y aparte les dejan hacer todo lo que quieran», sin darse cuenta de que «hay que ser constantes en las normas y en las formas para evitar conflictos y desajustes en su conducta».
Tratamiento terapéutico
Según las últimas investigaciones, el tratamiento adecuado es psicofarmacológico, combinado con procesos psicoterapéuticos para «reeducar al niño en algunas habilidades para el manejo del día a día, como mejorar sus facultades cognitivas y su atención». Si el tratamiento es correcto, estos niños no serán en absoluto distintos a los demás y «con un adecuado seguimiento su comportamiento es normal a medio y corto plazo, si somos capaces de suplir sus carencias».
En este sentido, la detección y tratamiento precoz son fundamentales en el normal desarrollo de los afectados por este síndrome. Para el doctor Quintero, el problema se produce cuando estos adolescentes no son tratados de forma precoz y empiezan a presentar ciertas disfunciones.
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