La opinión del experto

TDAH: ¿Tienen la culpa los padres?


"Unos malos padres no son la causa del TDAH. El TDAH es altamente hereditario y se relaciona más con la genética que con el entorno".


World Federation for Mental Health, 2003
A lo largo de la historia del estudio del TDAH ha habido algunas teorías "ambientales" o "psicosociales" sobre su origen, aunque su investigación nunca ha logrado datos suficientemente determinantes. Teorías como el mal control de los padres sobre la conducta de los hijos como origen de la pobre autorregulación conductual del niño con TDAH, como las aproximaciones y conductas hiperestimulantes por parte de los padres como causa del trastorno, o como la presencia de trastornos psicológicos en los padres, no han sido capaces de explicar los déficits neuropsicológicos y de inhibición conductual presentes en el niño hipercinético.
Frente a estas teorías, los estudios realizados en gemelos sobre la contribución del ambiente psicosocial a la expresión de los síntomas del TDAH han hecho difícil considerarlas seriamente hoy en día. Dichos estudios son suficientemente consistentes entre sí en la demostración de que el ambiente compartido (clase social, estatus educativo y laboral familiar, ambiente en casa, estatus nutricional, toxinas ambientales, características parentales y de crianza) contribuye muy escasamente a la explicación del TDAH (determinando un 0-6% de los rasgos conductuales relacionados con el mismo).
En general, los estudios realizados sobre las familias de niños con TDAH han determinado un estilo parental más intrusivo, controlador, inconsistente y desaprobador que en los controles sanos, un estilo parental negativo que mejora ostensiblemente ante la eficacia de los psicoestimulantes, apuntando a que este estilo parental es más una consecuencia que una causa del trastorno, una respuesta ante los síntomas del niño. Así, la sintomatología del niño puede llevar a los padres a una desconfianza en su capacidad, generando en éstos estrés, aislamiento social, sentimientos de culpa y depresión. Ello repercutirá en el propio niño, en su desarrollo emocional y su autoestima, creándose un círculo vicioso de interacciones negativas y sentimientos de fracaso que perpetuará las dificultades familiares y las manifestaciones sintomáticas del TDAH.
Por ello, en algunos estudios se refiere que la continuidad de las conductas hiperactivas a lo largo del desarrollo y, sobre todo, el mantenimiento de conductas oposicionistas, se relaciona en parte con el uso por los padres de un exceso de órdenes y críticas, adoptando un estilo de manejo hipercontrolador e intrusivo, y contribuyendo estos factores más bien a la aparición de trastornos comórbidos asociados al TDAH que al propio TDAH. Así, si bien el ambiente, estilo y estatus familiar no se relacionan con la presencia del TDAH, sí debe tenerse en cuenta que sí pueden ser determinantes a lo hora de su evolución y de la aparición de trastornos comórbidos como el Trastorno Oposicionista Desafiante o el Trastorno de Conducta.
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